Mi nombre es Fernanda y tengo 28 años. Nací en el sur de Brasil, en una ciudad llamada Porto Alegre, pero por siete años viví en Río de Janeiro, la famosa “ciudad maravillosa”. Me gradué de la carrera de Psicología, y trabajaba en el departamento de Recursos Humanos de una empresa cuando, el año pasado, de repente decidí que ya era hora de perseguir mis sueños de viajar y aprender inglés en otro país. Se me presentaron muchas opciones, pero al final me decidí por Australia, gracias a su cultura y estilo de vida. Esa decisión cambiaría mi vida para siempre.

Todo pasó tan rápido, que antes de que me diera cuenta, ya estaba en camino a Sydney. Muchas cosas me pasaron por la cabeza en el avión. Sentía una mezcla de emoción y ansiedad pensando en lo desconocido, y al mismo tiempo me frustraba pensar en lo lejos que iba a estar de mi familia y amigos. Una de mis preocupaciones más grandes era el idioma. Había estudiado inglés en Brasil, pero vivir en una cultura y país tan diferente me intimidaba. Aún así sabía que eso era lo que quería, y estaba determinada a afrontar mis miedos.

Creo que la emoción y el deseo de conocer Australia hicieron que me adaptara fácilmente. Sólo me quedé unos días en un hostal antes de encontrar un departamento compartido, encontré un trabajo conveniente en menos de dos semanas, y la escuela me quedaba muy cerca de la casa. Además, pronto conocí personas que llegarían a ser mis grandes amigos. Y así es como comencé mi vida en el paraíso: Manly.

Australia es un país maravilloso, con una calidad de vida inigualable. Además de las ciudades, visité lugares cuya belleza no puede describirse con palabras: Los Doce Apóstoles, Thredbo, Las Montañas Azules, y muchas playas preciosas. Después de mi curso de inglés me inscribí a un certificado vocacional con la ayuda de Australiante. Ellos me ayudaron durante todo el proceso, e incluso después, cada vez que tuve algún problema pude contar con ellos.

Ahora me encuentro a punto de regresar a casa. Vivir aquí por un año y medio fue una experiencia increíble. Además de mejorar mi inglés, conocí gente genial que va a ser siempre parte de mi vida. Además crecí mucho como persona, superé obstáculos que al principio parecían imposibles, y aprendí a convivir con gente de diferentes nacionalidades. Sobre todo, aprendí que el mundo está al alcance de todos, sólo hay que tener las ganas de conquistarlo.