En todos los grupos y blogs donde participo, mucha gente me pregunta si de verdad vale la pena dejar todo en tu país para vivir en Australia. Cada vez que veo esta pregunta muchas cosas me vienen a la mente: la vida que tenía en Brasil, todo el dinero que he invertido, lo difícil que fue todo al principio, mi familia y los amigos que dejé, todo lo que he aprendido y todo lo que he vivido.

Siendo sincera, cuando he pasado por momentos difíciles he llegado a pensar que fue demasiado el precio, y que soy una tonta por dejar la vida estable que tenía en Brasil por la aventura de aprender inglés al otro lado del mundo, al país más lejano que se me hubiera podido ocurrir.

Déjenme explicarles un poco acerca de mi vida para que puedan entender por qué decidí mudarme a Australia por un tiempo. Ya no estaba viviendo con mi mamá, sino que vivía con mi novio (ahora mi esposo) en una población pequeña en la provincia. Trabajaba de tiempo completo como coordinadora administrativa en una franquicia, y era considerada como una muy buena trabajadora. Pero de repente comenzamos a pensar acerca de la posibilidad de vivir un tiempo en otro país, donde pudiéramos aprender inglés y estudiar, para así poder tener mejores oportunidades de regreso en Brasil.

La primera vez que platicamos acerca de esto (conversación que recuerdo como si hubiera sido ayer) no pudimos mencionar otra opción además de Australia. Había trabajado alguna vez con una agencia internacional, por lo que estaba familiarizada con los excelentes cursos de inglés, con el clima (muy similar al de Brasil) y con el hecho de que podríamos trabajar con visa de estudiante. Menos de seis meses después de esta plática, ya estábamos en Australia.

Como con todas las experiencias nuevas, el principio no fue nada fácil. Incluso con mi nivel medio de inglés me costaba mucho trabajo entender el acento australiano, comencé trabajando en un lugar donde sólo me pagaban doce dólares la hora (el mínimo por ley es $16), mi jefe tenía un carácter muy difícil, era invierno y pasaba mucho frío camino a casa todos los días, estaba muy presionada a juntar el dinero para renovar mi visa y extrañaba tanto a mi familia que cada semana me la pasaba soñando con regresar.

Pero después de un tiempo comencé a acostumbrarme a mi nueva vida, conseguí un mejor trabajo, comencé a tener un inglés mucho más fluido, empecé a comunicarme más frecuentemente con mi familia en Brasil, y eventualmente comenzó a hacer más calor en Sydney. Ahora, cuando miro atrás, me siento muy orgullosa de todo lo que he pasado aquí. He visitado lugares maravillosos, paisajes que sólo podrían existir en este país, mi inglés ha mejorado muchísimo desde que llegué, he conocido a personas cuya amistad permanecerá por el resto de mi vida (especialmente dos, que eventualmente elegí como mis damas de honor), creí tanto como persona, aprendí acerca de la importancia de la familia y los verdaderos amigos, y gracias a la ayuda de varias personas, estoy estudiando una maestría en otro país.

Todo el proceso fue difícil (pero ¿quién dice que la vida es fácil?), invertí mucho dinero y fue una transición muy desgastante, pero ha valido totalmente la pena. No estoy hablando de dejar todo en tu país, sino simplemente de hacer una pausa de nuestra vida cotidiana para abrirnos un poco al resto del mundo, y al mismo tiempo, para conocernos a nosotros mismos.

Así que, si todavía estás batallando para decidir si de verdad quieres estudiar en el extranjero, sólo recuerda que las cosas más importantes de tu vida van a seguir ahí cuando regreses: tu familia y tus amigos. La diferencia es que ahora también tendrás todos los conocimientos y experiencias maravillosas que te dará el experimentar la aventura de tu vida, y te prometo que al final vas a darte cuenta que no extrañaste tanto las cosas que dejaste antes de irte.