Si estás planeando venir a Australia, tal vez ya te haya pasado por la cabeza el cómo sería si de repente conocieras al amor de tu vida estando al otro lado del mundo. Probablemente cuando te lo imaginas, esa persona se parece mucho a Chris Hemsworth y el escenario es una playa exótica de arena blanca llena de canguros tomando el sol. Es genial soñar despierta, pero la realidad es que enamorarse mientras viajas puede ser algo sumamente complicado.

Para empezar, todas tus emociones se intensifican durante el viaje. El hecho de estar en un nuevo lugar y viviendo experiencias emocionantes hace que tu cuerpo genere endorfinas, también llamadas moléculas de la felicidad. La sensación de bienestar que ya traes por la aventura, aunada al hecho de estar pasándotela genial en un bar y con un par de cervezas encima por ejemplo, puede hacer que en medio de la noche comiences a fijarte intensamente en el rubio galán al otro lado del bar. A medida que sea acerque a ti vas tal vez comenzarás a sentirte como en comercial de desodorante, y después de 20 minutos de medio tener una conversación en inglés (y de que te des cuenta que sobreestimas bastante tu habilidad en el idioma) probablemente ya vas a sentir que estás perdida por él.

Si resulta que el sujeto tiene ganas de verte de nuevo, ya en la luz del día y sin la cerveza, te pasará una de dos cosas: o te vas a preguntar en qué diablos estabas pensando, o te darás cuenta que te gusta mucho más que el día anterior (las endorfinas ya habrán hecho su trabajo, haciendo que tu cerebro relacione a Romeo directamente con tu sensación de bienestar y plenitud). Este es el momento perfecto para reflexionar si lo mejor es dejarte envolver en el cuento de hadas o salir corriendo.

Para hacerte más fácil la decisión, lo primero que debes preguntarte es qué pasaría si terminan enamorándose locamente. Va a llegar el momento en que tengas que decidir decir adiós para siempre o comprometerte a una relación a larga distancia, que a final de cuentas tendrá que terminar en uno de los dos mudándose permanentemente al país del otro, o en truene.

Si terminan juntos nunca podrán entenderse al cien por ciento. Si de por sí las relaciones humanas son difíciles en un mismo círculo social, ahora imagínate lo difícil que es encontrar un balance entre los valores, costumbres, formas de ser, idiomas, sentidos del humor y objetivos en la vida de dos personas que fueron criadas en lados contrarios del planeta. Así que, es probable que tu amorcito y tú tengas peleas más frecuentes por malentendidos causados por diferencias culturales.

Ahora, eso es si tienes la suerte de encontrarte a alguien que en verdad esté interesado en tener una relación, pero hay que tener en cuenta que muchas veces los chicos sólo están buscando pasar un buen rato. Muchos de hecho buscan relaciones esporádicas con turistas o estudiantes, que una vez que regresan a sus países, les dejan el camino libre para ir con la siguiente. Esta situación es muy frecuente.

Ya sea que el muchacho termine siendo un mañoso sin compromisos o un príncipe azul, lo cierto es que te va a absorber. Vas a querer pasar tiempo con él, tiempo que debería ser destinado a aprender y vivir la experiencia al máximo, y al final es muy posible que regreses a casa triste y frustrada. Así que mi consejo es que trates de tener la cabeza fría, tomes decisiones conscientes de lo que quieres hacer en tu viaje, y no busques enamorarte, pero si se da, disfrútalo el tiempo que dure.

¿Mi experiencia personal? La primera vez que viví en extranjero terminé rompiéndole el corazón a alguien, la segunda, me lo rompieron.  ¿Y la tercera? La tercera me dio a mi maravilloso esposo australiano.